Lesson 1: Why Are You Here?

 

Why are you here?

Why are you listening to this program right now? Why are you taking this class? Why do you want to learn Spanish?

Maybe you want a better job. Maybe you want to go live in another country.

You need to get specific about your why; about your reason or reasons. If you don’t have a really strong reason, you probably won’t be dedicated enough to keep learning when it starts to hurt, when it starts to get boring.

You have some pretty compelling reasons to go to work every day. You have bills to pay, maybe you have kids.

Find a reason to dedicate yourself to learning Spanish.

For me, I never thought I would one day be living in Mexico. If I did, I probably would have studied a little harder and it might not have taken me as long to learn Spanish. I stuck with it because I really liked it, and I enjoyed seeing gradual improvements, but I never thought I’d be teaching this class now and living in Mexico. I was like, “Well, I might need Spanish in my job one day, and I like learning it, but my girlfriend doesn’t speak Spanish and doesn’t care about it. Only a couple of my friends speak Spanish.”

I didn’t have a burning need to learn. So I had to create it. I started looking for jobs that would increase my contact with Spanish-speakers. I taught English classes, I made friends in Latino neighborhoods, I taught first aid classes in Spanish. I looked for any way to force myself more and more into the Spanish-speaking world.  

I knew I was making progress when I worked in a Mexican restaurant and had customers asking ME if I was from Jalisco, which is a state in Mexico where a lot of the people have mostly European heritage. And a guy from Honduras asked me how long I had lived abroad. At that time I had never been outside the U.S.

I spent so much time exposing myself to Spanish, so much time practicing, that I started seeing real results.

But this wasn’t because some teacher opened my brain and deposited all the words inside. I paid the price every day. And we’ll talk a little bit about the price in another lesson.

But it wasn’t just a constant upward trajectory. It wasn’t like I just felt more and more competent in Spanish every day.

When I started learning Spanish I was living in a white suburb in Minnesota. My first Spanish teacher had a Polish last name. I didn’t know anybody from another country. My mom brought me and my brother to a Latino neighborhood in St. Paul so we could buy Mexican food and check out the Mexican grocery store.

That was it. I didn’t know anybody.

So four years later when I graduated high school, I thought I knew Spanish. I thought I was fluent. Then I went to college and started taking classes from people from Mexico and Venezuela. They were nice, but they weren’t gonna pretend I was at a level I wasn’t at. They called my essays flojo, which is how I learned the word lousy in Spanish. I wasn’t getting straight A’s anymore.

So I began doing what I described earlier. I started looking for ways to meet people who spoke Spanish. I didn’t live in an isolated suburb anymore. I lived in a city now.

And that was even harder than my college Spanish classes. Real Mexican people don’t have any idea what goes on in a Spanish class. And real Americans don’t have any idea what goes on in English classes.

In beginning-level classes the teacher speaks slowly and correctly. There’s very little slang. There’s very little regional accent. Nobody mumbles. Everybody says “Como…esta…usted,” “Bien…gracias.” Nobody says, “Que onda wey, que pedo, que hay?”

Normal people speak like normal people, not like Ms. Kovalchik the Spanish teacher.

Even if they slow down when you ask them to, they’re gonna throw a million words at you that you’ve never heard before. And then you’re gonna try to say something, but all the words magically vanish from your head before you speak.

So I thought I was pretty good at Spanish after I’d been spending literally half of every day talking to people from Mexico and Guatemala. Then I got to Mexico. And I realized for the third or fourth time that I didn’t really know how to speak or understand Spanish.

If my story sounds discouraging, if it makes you want to give up, that’s fine. You can give up. You can go home. I won’t even judge you. I promise. (By the way, that’s why I never learned Russian or Japanese or German.)

But if you REALLY want this, if you find your Why quicker than I did, if you embrace the slowness of this process even as you fully commit yourself to learning, you will get there. It is hard, but you will get there.

So first you need to define your why. It’s not that you can’t get there without a Why, but it will help you. The stronger your why, the better. Take time to figure it out right now. Write it down.

 

¿Porqué estás aquí?

¿Porqué estás escuchando a este programa? ¿Porqué estás específicamente en esta clase? ¿Porqué quieres aprender inglés?

Tal vez quieres un mejor trabajo, o quieres viajar a otro país.

Necesitas ser específico. Necesitas definir la razón o razones. Si no lo puedes definir, si no tienes un motivo, probablemente no te dedicarás lo suficiente como para continuar en el camino aun cuando empieza a doler, cuando empieza a ser aburrido.

Tienes motivos claros por los que vas al trabajo. Hay que pagar la luz, la comida, los hijos…

Busca tu motivo. Defínelo. Piensa en los cambios que podrías hacer si hablaras inglés.

Yo nunca pensé que iba a vivir en México. Si hubiera sabido que viviría aquí, tal vez habría estudiado más. Tal vez no me habría costado tanto tiempo aprender español. Continuaba estudiando porque me gustó el idioma y me gustó ver el progreso que tenía, pero nunca pensé que iba a enseñar esta clase. Pensé que, bueno, tal vez necesitaré hablar español en un futuro para un trabajo, y me gusta aprenderlo, pero mi novia no habla español y no le importa. Y mis amigos tampoco hablan español.

Yo no tenía un motivo definido y específico. No tenía una necesidad. Tuve que crear la necesidad. Empecé a buscar trabajos donde muchos hablaban español. Di clases de inglés, conocí a personas en comunidades latinas, di clases de primeros auxilios en español. Buscaba cualquier pretexto para entrar más y más al mundo hispanohablante.

La primera vez que empecé a ver resultados fue cuando trabajaba en un restaurante mexicano en Chicago, y algunos clientes me preguntaron si yo era de Jalisco. Y un hombre de Honduras me preguntó en qué parte de Latinoamérica había vivido antes. En aquel entonces yo no había salido de mi país ni por un segundo.

Había pasado tanto tiempo estudiando español, tanto tiempo practicando, años y años y años, que por fin veía resultados.

Pero no ocurrió porque un profesor me abrió el cerebro y depositó todas las palabras. Yo pagaba el precio cada día. Por cierto, hablaremos de “el precio” en otra lección.

Pero no fue simplemente una trayectoria positiva constante. No sentía que diario mis habilidades mejoraron sin pausa.

Cuando empecé a aprender español vivía en un suburbio en Minnesota donde todos hablaban inglés. Mi primera maestra de español tenía un apellido polaco. No conocía a nadie de otro país. Mi mamá nos llevaba a mi hermano y a mi a una tienda de productos mexicanos y a un restaurante en una colonia latina. Nos compró panes dulces, nopales, y Jarritos.

Pero eso fue todo. No conocía a nadie, no hablaba con nadie fuera de mis clases de español en la prepa.

Cuatro años después cuando me gradué, pensaba que ya era experto, fluido. Entonces fui a la universidad y tomaba clases con profesores que eran de México y Venezuela. Eran buena gente, amables, pero no fingían, no disimulaban diciéndome que yo ya había llegado a un nivel avanzado. Una maestra me dijo que un ensayo que escribí era flojo. Así es como aprendí esa palabra. Ya no sacaba puros 10’s en las clases.

Entonces, hacía lo que describí antes. Buscaba personas que hablaban español. Ya no vivía en un pueblo pequeño de gente güera. Vivía en una ciudad.

Eso fue Etapa 3 de mi aprendizaje. Y cada etapa resultó ser más difícil que la anterior. Fue más dificil que las clases de la universidad.

Mexicanos no tienen idea de lo que pasa en una clase de español. Y gringos no tienen idea de lo que pasa en una clase de inglés. No saben que en los primeros niveles el maestro habla lento y correctamente. No saben que hay pocos modismos, o jerga. Todos hablan claramente. Dicen “Como…esta…usted.” “Bien…gracias.” Nadie dice “Que onda wey, que pedo, que hay?”

La gente común habla como gente común, no como un maestro de español para principiantes.

Y las veces que la gente común habla más lento para que puedas entender, también van a decir un chingo de palabras que nunca has escuchado antes. Y entonces vas a intentar decir algo, pero casualmente vas a olvidar todas las palabras que querías decir.

Pero yo seguía adelante. Pasaba la mitad de cada día hablando con gente de México, Guatemala, Ecuador, El Salvador, y pensé que, bueno, ahora que me están preguntando si soy de Jalisco y dónde he vivido antes, ahora si sé hablar español.

Y entonces llegué a México, y me di cuenta por tercera o cuarta vez que todavía estaba yo muy lejos de la meta.

Si mi historia es desmotivante o desalentador y te quieres dar por vencido, está bien. Ríndete. No te voy a juzgar, te lo prometo. Yo me rendí cuando quise aprender ruso, alemán, y japonés.

Pero si de verdad quieres aprender inglés, y si tu defines tus motivos para seguir adelante, si aceptas la lentitud de este proceso, llegarás. Te lo prometo. Es difícil, pero llegarás, sin duda.

Entonces, la primera cosa que tienes que hacer es definir tus motivos. Es posible llegar a la meta sin motivos claros y fuertes, pero no recomendable. Entre mas fuertes tus motivos, mejor. Ahora, en este momento, toma unos minutos para pensar en esto. Escríbelo en un papel. Mándame un email. brandon@digitalnomad.mx. Dime tus motivos.